AZUCARERA IBÉRICA

AZUCARERA IBÉRICA


En el cambio de siglo XIX al XX se produce un importante boom azucarero en el valle del Ebro, consecuencia de la independencia de Cuba, nuestro proveedor de azúcar de caña, y del desarrollo de una nueva tecnología extractiva del azúcar desde la remolacha, procedente de Centroeuropa a transformación importante.
Las azucareras supusieron el gran impulso industrializador en Aragón, por cuanto arrastraron a otros sectores como en de la maquinaria o al de la industria química, necesaria para devolver nutrientes a los campos de cultivo.
La primera azucarera aragonesa en Zaragoza es la Vieja, la que llamaron de Aragón y luego se levantan simultáneamente la del Rabal y la de Casetas. Si en 1898 se pierde Cuba, en ese mismo año ya se está levantando la azucarera de Casetas, la Ibérica.
La de Casetas es una azucarera de gran tamaño. Si la inversión de capital en las azucareras comunes estaba entre los 2 y 3 millones, la que se hizo para la Ibérica fue de 4 millones.
Como socios de esta azucarera figuran varios accionistas aragoneses, dirigidos por el abogado zaragozano Antonio García Gil, e incluido el Conde de Solferino, el propietario de los terrenos y una figura interesante. Fue el jefe del Partido Carlista en Aragón y un interesante impulsor del desarrollo industrial en Casetas.
Socios fundadores de la Azucarera Ibérica

Al desarrollo de la azucarera en Casetas coadyuvaron varios factores: un regadío excelente a lo largo de la depresión del Ebro; un enlace ferroviario que facilitaba tanto la llegada de remolacha como la distribución del azúcar y otros subproductos; la creación en los mismos años de la Química de Zaragoza, imprescindible para regenerar los suelos que esquilma la remolacha; la disponibilidad de carbón de Utrillas para las calderas; agua abundante para los lavaderos y disponibilidad de mano de obra por esa transición demográfica en la que habíamos entrado.
En un solo año, tras comenzar su construcción, la fábrica está en uso.
La rentabilidad del negocio fue óptima. Los dividendos que se reparten en los primeros años sobre la inversión están entre el 20 y el 30 %. En cinco años han amortizado la inversión y los primeros 11 años las campañas son brillantes.
Las estructuras sociales del barrio también cambian. Duplicamos la población, pasamos de 700 a 1400 personas. No obstante, en campaña el número de trabajadores está en torno a los 600 trabajadores, que vienen de localidades vecinas. Tal es el movimiento de trabajadores que la empresa de tranvías de zaragoza, Escoriaza, solicita permiso para la instalación de una línea de tranvía entre Zaragoza y Alagón para facilitar el acceso a la fábrica de Casetas.
El perfil de obrero industrial es diferente actual. Suelen ser peones del campo o trabajadores de la construcción. En ambos la faena se reduce en invierno, que coincide con la campaña de las azucareras.
El campesinado, en gran parte arrendatarios, mejorará sus ingresos con el cultivo de la remolacha, que transforma el paisaje agrícola en todo el valle.
Hay también una burguesía que se pasea en carruaje y que supone un elemento novedoso en el paisaje local: el director de la azucarera, el checo Deogracias Turka, y su familia son un elemento social novedoso en lo que había sido un barrio de labradores.
La fábrica incide también en el urbanismo residencial del barrio. En el recinto de la azucarera se levanta una lujosa vivienda para la familia del director y para los mandos intermedios y en el pueblo se crea una barriada para algunos de los trabajadores.
Es muy interesante también la arquitectura industrial de la época, influenciada por el Art&Craft inglés, que usa el ladrillo como material tradicional, pero desarrolla una ornamentación vinculada a las corrientes ideológicas de la época como el regionalismo, el historicismo o el eclecticismo.
La azucarera de Casetas tenía una amplia zona de abastecimiento gracias al ferrocarril, que cubre un área que alcanza con la línea de Castejón hasta Monzalbarba, con la línea de Madrid hasta La Almunia y con la de Caminreal hasta Mezalocha. Además crea sus propios ferrocarriles de vía estrecha a Sobradiel y Utebo y tiene una entrada de carros para los labradores de Garrapinillos y Casetas.
La Ibérica entra pronto (1903) a formar parte de un trust azucarero, la Sociedad General Azucarera de España, que crea un oligopolio que evita la competencia entre fábricas y que a largo plazo provoca el declinar y cierre de la fábrica.
En el gráfico vemos que la producción tiene la irregularidad propia de una producción que depende de la cosecha. Vemos que la media estuvo en 33.000 toneladas de remolacha y que alcanzaron picos de 68.000 toneladas en la campaña de 1913-14 y que la gestión de la posguerra española fue una calamidad.
En el gráfico se aprecia también algunos años sin molturación. La campaña del 1919-1920 es debida a una huelga larga huelga y las del 1925 y 1946 de malas cosechas. Durante la república la fábrica también intentó no recoger la remolacha en alguna campaña como la de 1935, redistribuyendo la producción al resto de sus factorías, pero ante las quejas de los diputados a Cortes, el Gobierno obligó a llevar a cabo la campaña del 35.
En 1965 lleva a cabo su última campaña y en el 1971 se vuela la azucarera y las azucareras aragonesas se deslocalizan hacia Andalucía.
La Azucarera Ibérica en 1970. Foto: Gerardo Sancho. AMZ
BIBLIOGRAFÍA:
  • GRACIA GUILLÉN, José Antonio (2005) Las azucareras: la revolución industrial en Aragón

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